Una continua espera. Un ensamblaje de pensamientos y deberes para con todos y con uno y así, la vida se chutea y se chutea, porque se nos presenta segura en una línea recta de tiempo y lógica.
Tenía una vez 17 años, era septiembre y también era peñalolén...peñalolén y las avionetas de mierda que me despertaban cada sábado a las 8 de la mañana. Tenía pelo corto y de algún color que ahora da lo mismo pero no da lo mismo en verdad y a mis dos hámsters siempre asustados ante un temblor de viento...había viento en santiago. Y tenía cadenas colgando de mis jeans, súper taquilla, me creía el culo del mundo. Había raperos y callejeaba. Sentía la vida muy presente. Caminaba mucho más. Nadie había muerto.
Los amigos.
El ahora siempre es tenso porque veo como el tiempo se vuelve en contra de nosotros.
Y a condición de borrar mi memoria, fuerzo y retuerzo los espacios acariciados por la melancolía. Los visualizo como una bola de fuego lanzada hacia las estrellas pero no alcanzan a llegar y comienzan su camino de vuelta. La fuerza no es la exacta. La fuerza es mi enemiga en tiempos de tristeza. No logro sorprender a mi corazón con el deseo. No existe ese recuerdo poderoso. Y no puedo vestirlo. Un recuerdo significa un lugar donde cualquier tipo de consideración figurada no hará más que pervertir y deslucir cualquier plegaria nocturna.
Y lo admito, soy exigua. Como cualquier idea retórica y remilgosa sobre mis sentimentalismos.
¿Y si mi corazón no fuera sólo ese musculo baboso que bombea sangre? ¿Y si mi corazón lograra transmutar a su significado metafísico socavando hasta mis más profundos deseos?
¿Llegaré también a mis naufragios?
Al coloquio eterno de rencores que reposan en mi cabeza
No quiero este dolor.
Entonces resolvamos. No esa la fuerza lo que necesito invocar. Es algo mucho más frágil, más gentil. Un compañero a mi memoria, atrevido caminante, dispuesto en sus delgados pasos de juventud a plasmar el tiempo en la mente de los hombres.
Detiene el sonido doloroso.
Cuida de esta lasitud.
Para siempre habrá un devenir no resuelto. Porque me persiguen caminos desfigurados en mi conciencia pletórica y es...
Espacios-------todavía--------descritos--------a---------punta------de-------años
y mierda.
¿Acaso son los ecos?
¿Acaso son los ecos como fantasmas reptando hasta mi debilidad? ¿Ánimas del recuerdo, despertando demonios en la rutina macabra?
No me atrevo a abrir la boca.
El camino que nos convoca no existe.
No se abre a ningún lado, ni sobre ni bajo nosotros. Puntos y comas.
Recordar y desplazarnos en el espacio sin horizontes es una sinfonía cacofónica donde no hay ocaso y que golpea mis gestos a la menor provocación.
Caminar y soportar el anuncio de las horas inconclusas,
recordar y tirarle piedras al mar para que se enoje.
